En la Amazonía colombiana aún viven tribus indígenas que se aferran a sus creencias y costumbres primitivas para no desaparecer como han pasado con otras comunidades alrededor del mundo.

Si hay un lugar que invita a disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor es la Amazonía, un departamento que fija los límites de Colombia con Brasil y Perú, una gran extensión de tierra que  aún conserva las tradiciones de nuestros ancestros, de nuestras raíces; pues en este territorio todavía existen muchas tribus indígenas que si bien con el paso de los años se han ‘occidentalizado’, muchas de sus tradiciones se mantienen vivas.

Aunque hacía mucho tiempo deseaba visitarlo, no fue hasta recibir una invitación de Direct TV y la agencia de viajes One Vacation que empaqué maletas, pues el viaje comenzaba donde termina la geografía colombiana y donde todavía se puede conocer lo que queda de las tribus nativas amazónicas.

De esto último se trataba la experiencia, convivir con la tribu Tikuna y visitar la comunidad El Progreso, que había sido beneficiada con un programa de educación liderado por las dos empresas mencionadas con anterioridad y con el que se buscaba arreglar la escuela de la comunidad, pasar un rato con ellos y ofrecerles una jornada de salud oral.

Después de llegar a Leticia, capital del Amazonas, y pagar COP $30 por el ingreso a la ciudad, impuesto que se destina al mantenimiento de las reservas, hicimos un recorrido por la pequeña pero agradable zona. La primera parada obligatoria fue en un restaurante de comida típica donde nos ofrecieron chicha morada que es típica del Perú, jugo de Açai, y de plato fuerte una posta de pirarucú, pescado extraído del río Amazonas y típico de la zona.

Luego partimos hacia el río para hacer nuestro recorrido obligatorio en lancha hasta llegar al hotel de On Vacation justo en medio de la selva. 20 minutos después llegamos al que por dos años consecutivos ha ganado el premio a Mejor Hotel Verde de Colombia. No es para menos, se podría decir que es un lugar “hecho a mano”, “made in Colombia” (léase tal cual se escribe).

Camino a  El Progreso

La constante lluvia selvática nubló la mañana siguiente. Sin embargo, eso no fue impedimento para echarse a un poco de chocolate al estómago, arepa asada y un revoltillo de huevos. A continuación lo que quedaba era ponerse las botas pantaneras, el impermeable y subirse a la lancha para navegar otros 20 minutos hasta llegar a la Isla de los Micos y de ahí otros 20 minutos hasta la comunidad.

Nunca antes había estado en una comunidad indígena, pero no son nada diferente a lo que me imaginaba, sobre todo la Tikuna, que es muy arraigada a sus costumbres. Hombres con collares grandes, coronas de plumas, torsos desnudos y pantalones elaborados con corteza de árbol era lo que predominada, no sin decir que esta misma tela marrón o amarillenta era también lo que lucían las mujeres de la comunidad.

Al llegar ahí pude conversar un rato con ellos. Les gusta el fútbol y son fieles seguidores de este deporte, visten camisetas de muchos de esos equipos y se saben el nombre de todas las ligas alrededor del mundo. Bueno, todo eso es gracias a Direct TV, que les prové televisión por cable. Aprovechando la cercanía del río, la comunidad vive de la pesca, la agricultura y la cacería de animales como jabalí y venado.

Durante la estanca en la comunidad pudimos ver una muestra de la Danza de la Pelazón, quizá una de las costumbres más arraigadas de esta tribu indígena, aunque se ha modificado con los años. Se trataba un baile y cánticos entonados por los integrantes del coro en su idioma original, que además se practica el día que las niñas de la comunidad cumplen los quince años. Según el líder de la tribu, se hace una celebración con chicha y abundante comida para celebrar el paso de niña a mujer de las integrantes Tikuna. Después de eso, la celebrada debe encerrarse en su casa por seis meses para vivir su transición, tiempo que aprovechan para tejer vestidos autóctonos que son entregados a sus madres una vez cumplen con esta ofrenda.

Sin duda alguna el Amazonas es un lugar para visitar, para reencontrarnos con nuestra cultura y reconocernos a nosotros mismos como parte de ella, para disfrutar de la naturaleza y desconectarnos de la vida diaria, sobre todo esta última parte, porque la señal de celular desaparece y con ella toda fuente de distracción una vez embarcas la chalupa para hacer el recorrido por el río.

 

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